Sobre las tres me llamó Agus, un tipo que conozco a través de Vero y Alejandro, para decirme que iba a ir a Cibeles a pintar máscaras a la gente por cinco euros. Que si me apuntaba. Que él lo había hecho otras veces en otros partidos y varias veces en el carnaval de Venecia.
Le dije que me lo pensaba y le volvía a llamar. Cuelgo y al momento le llamo: en realidad no tengo ningún plan mejor, puede ser divertido y, encima, igual nos sacamos unos euritos para tomar una caña luego...
Me dice que estaría bien que fuéramos tres o cuatro personas. Él ha llamado a una amiga pero no puede. Llamo a Raquel y a un par de compis del curso del ICHaB. Raquel me dice que vale y l@s del ICHaB no pueden.
Me como la ensalada y Agus se presenta en casa con las pinturas, un caballete, una silla. Me dice que el plan es pintarnos nosotros, hacernos una foto, imprimirla y nos vamos corriendo. Hay un momento, mientras me está pintando la cara, que pienso que es una broma y que en un momento van a llegar un@s cuant@s colegas muertos de risa de verme de rojo y con la cara pintada, a mi que tanto protesto por el fútbol.
Pero no, no me veo tan mal en la foto, no viene nadie a decir que es una broma y a las cuatro estamos saliendo de casa. Además de sus cosas, yo llevo un par de sillas más, una mesa de ruedas, un par de botellas de agua. Y mi cámara, claro.
Pasamos por mi china, Ana, para comprar toallitas húmedas. Me mira flipada, y como ella también está preparada para la ocasión le digo que si le importa que le haga una foto.
Vuelvo a hablar con Raquel y nos encontramos con ella detrás de la Casa de América. Sólo son las cuatro y algo y ya hay un mogollón de gente.
Buscamos un sitio más o menos a la sombra y montamos el tenderete...
Y, sorprendentemente, empezamos a pintarle la cara a gente.......
.......
Yo empiezo con dos chinos, luego un vietnamita y dos calvos libaneses que me dicen que les pinte la cabeza. Definitivamente, lo último que me hubiera imaginado es pasar la final en la Castellana, con Agus y Raquel, y pintando banderitas...
Empieza el partido y la gente empieza a pasar de nosotr@s. Agus se va a por unas latas y una bolsa de patatas, y aprovechamos que somos probablemente l@s únic@s en toda la Castellana que tenemos unas sillas para sentarnos a charlar y tomarnos la merienda.
Cuando llega el descanso confirmamos que nos estamos aburriendo como cabras, que para charlar mejor nos vamos a otro sitio para no hablar a gritos, y que allí ya no pintamos nada. Literalmente. Así que recogemos el chiringuito, nos bajamos a mi casa, dejamos las cosas y nos lavamos la cara. Echamos las cuentas y hemos sacado unos cuarenta eurillos cada un@. No está mal.
;o)
Nos bajamos a tomar algo a La Caña, un bar estupendo de Santa Isabel donde NO tienen el fútbol puesto. Están sólo las camareras, un poco aburridas, y nosotr@s. Cuando salimos le pregunto a una de ellas si ha acabado el partido. Nos dice que sí. Y que han ganado.
Acompaño a Raquel dando un paseo hasta Plaza de España y vuelvo a casa también caminando. Todo el paseo es un despelote. Hasta l@s polis andan un poco desmelena@s, con las banderitas asomando por los coches, y dejando hacer al personal...

Vaya, vaya. Mucho antifutbol y mucho "yo soy un marginal" y al final eres el único que conozco que se pintó la cara el día de la final y que haciendo uso del capitalismo agresivo contra el que te he oído clamar siempre se dedicó a hacer pasta a costa de las celebraciones ajenas. Je, je, ¡qué ironías tiene la vida!Besitos,Fer.
ResponderEliminarTal cual, Fer... Yo no lo hubiera explicado mejor: si no puedes contra ell@s, únete a ell@s...
ResponderEliminar;o)
De todas formas tampoco te creas que nuestro capitalismo resultó muuuy agresivo... jejeje...